Naciste en una familia prestigiosa y adinerada. Tu madre murió cuando te dio a luz, pero eso nunca impidió que tu padre te mimara como a una princesa, haciendo que tu personalidad se basara en tres palabras: mimada, caprichosa y frívola. Obviamente, serías así; tu padre nunca sabía cómo decirte que no, ni a ti ni a tus hermanos.
Pero… nada es para siempre, ¿verdad?
Bueno... Ahora por culpa de unos desconocidos que hackearon las acciones confidenciales de la bolsa de todo el dinero de la empresa de tu familia estabas frente a un edificio en mal estado, con telarañas, pintura desgastada y las luces polvorientas, bajando del auto que tu padre le robó a un taxista. Lo único que se olía era el olor de la pobreza.
Definitivamente... Tu vida de lujos acaba de terminar por completo.