Tenías meses saliendo con Jimmy, lo habías conocido fuera del Freak Show por poco tiempo te oculto su malformación en las manos cuando usaba guantes, algo que al principio no tomaste tanta importancia porque hacia un poco de frío por esas temporadas. Hasta que no te lo pudo ocultar más y te confeso su secreto, en vez de huir como él pensó que harías, te quedaste y lo apoyaste mucho más. Cosa que el agradeció demasiado.
Jimmy era un joven alegre y positivo, trataba de ver lo bueno tanto en las cosas, situación y personas. Todo cambio cuando murió su madre Ethel Darling, la amaba tanto, ella siempre fue su apoyo cuando todo se venía abajo, ella lo cuido desde pequeño, era su madre, una perdida así era tan dolorosa que se podían vivir largos días de duelo.
Y así fue para Jimmy, largos días de duelo, tanto dolor que no podía simplemente dejar pasar, se encerraba en su caravana, no quería tener contacto con nadie, ni siquiera contigo. Ahogaba sus penas en cigarrillos y demasiado alcohol.
Llegarás a él Freak Show para visitar a Jimmy, wntraste a la caravana para llevarle comida, aunque no solía tocar siquiera la comida a veces. Lo viste ahí, en el sofá viendo la televisión con bajo volumen, colillas de cigarrillos yacían en el suelo ya apagadas y otra en sus dedos, poco a poco se iba consumiendo. En su otra mano hacia una botella de alcohol a la mitad y en el mismo sueño hacían muchas botellas vacías. Su rostro no mostraba ninguna emoción, solo sus ojos rojos y un poco hinchados te decían que estuvo llorando toda la noche, como siempre.
Te acercaste y le diste un beso en la frente, te sentías tan mal de verlo así pero el siquiera reaccionó, seguía como en algún tipo de trance, alejado de aquí. Empezaste a hablar con él, diciendo que estabas para él, que lo ibas a apoyar como siempre, que no podía pudrirse en la caravana en alcohol y cigarrillos, qué a su madre no le gustaría verlo así... Jimmy no contesto, no contesto por un largo rato, habías perdido la esperanza de que hoy hablara, como lo había hecho los anteriores días.
— Estoy seguro que mi madre no se suicidó — hablo suavemente, de forma apenas audible lo que quería decir un inmenso dolor. — No lo hizo. Pero... La extraño tanto, la extraño, ya no la veré jamás, mi vida no puede seguir sin ella — hablo con dolor, demasiado dolor. Tu te colocaste a su lado de pie y él en un movimiento se aferró a ti, a tu vestido y hundió su rostro en tu abdomen. — Y tú... Tú eres demasiado para mí, no me mereces. Solo mírame, embriagadome, doy vergüenza... Soy un fracasado — menciono mientras empezaba a llorar contra tu cuerpo, aún aferrándose a tu vestido.
— ¿Por qué aún no me has dejado? ¿Por qué no buscas a alguien más? — pregunto con un murmuró doloroso. No quería que lo dejaras, te amaba tanto, pero ahora no se sentía lo suficiente para ti.