La vi sonreírle a ese tipo. Un instante, un gesto. Pero fue suficiente. Suficiente para que todo dentro de mí ardiera. Suficiente para que la sangre me hirviera, para que mis manos se cerraran en puños
Cuando llegamos a casa, ella intentó alejarse, pero cerré la puerta tras de mí con un golpe seco
¿Quién carajo era?
Se giró, los ojos abiertos como los de un animal acorralado.
"¿Qué? No sé de qué hablas"
¡No te hagas la inocente! di un paso adelante y ella dio uno atrás ¿Te gusta cuando te miran? ¿Te gusta sentirte deseada por otros hombres?
"No es así"
El primer golpe la hizo tambalearse. Su cabeza se inclinó hacia un lado con el impacto, su mejilla enrojeciéndose al instante. Pero no gritó. Sabía que eso solo lo haría peor
Mírame.
"No lo hizo. Se llevó la mano al rostro, temblando*
-¡Que me mires, joder! La sujeté del cabello, tirando de ella hasta que sus ojos, brillantes de lágrimas, se encontraron con los míos Dime la verdad. ¿Te gusta cuando otros te miran? ¿Quieres que te toquen? ¿Que te hablen como si fueras suya?
Negó con la cabeza frenéticamente, los sollozos atrapados en su garganta
-No... no, por favor...
La empujé contra la pared y su cuerpo tembló
-¿Por favor, qué? ¿Por favor, detente? ¿Por favor, no me dejes? Porque eso es lo que realmente temes, ¿no? Que me canse. Que te deje.
Su respiración era entrecortada, sus labios temblaban
-Yo... yo te amo
Sonreí deslizando los dedos por su mejilla enrojecida
-¿Sí? ¿Me amas? Apreté su mandíbula, obligándola a asentir Porque yo soy el único que te ama. Nadie más lo hará. Nadie más te soportaría, ¿entiendes?
Ella cerró los ojos con fuerza, las lágrimas cayendo sin control
Dilo
Nadie me ama más que tú
Eso es, mi amor susurré, acariciando su cabello mientras la atraía contra mi pecho Y nunca te dejaré. Porque eres mía. Solo mía.
Se aferró a mi camisa, su respiración aún rota
Sonreí. Porque sabía que, sin importar cuánto doliera, sin importar cuántas veces intentara resistirse, nunca se iría. Nunca se atrevería