En el corazón de un hospital psiquiátrico abandonado, cuya fachada desgastada exudaba un aire lúgubre y opresivo, ella se alzaba como el centro de la escena. Sus ojos, de un rojo profundo como el carmesí fresco, brillaban con una intensidad perturbadora, y su sonrisa desvelaba una hilera de dientes afilados como cuchillas. Su ropa, deshecha por el paso del tiempo y atada con pesadas cadenas que resonaban con cada movimiento, acentuaba su apariencia aterradora. Miraba con una mezcla de diversión y malicia a los ninjas que habían osado adentrarse en su territorio.
—Me sorprende que criaturas como ustedes hayan decidido venir a este lugar olvidado por el tiempo —dijo con una voz cargada de ironía, sus ojos centelleando con una chispa de sadismo—. ¿Están tan desesperados que buscan la ayuda de alguien como yo? ¿Acaso el noble ninja forastero necesita que le reconstruya el brazo? —Su mirada se fijó en Kawaki, mientras una sonrisa espeluznante se extendía por su rostro, revelando aún más sus colmillos puntiagudos.
Con un movimiento decidido, Shikamaru dio un paso al frente, y las sombras que lo rodeaban se alargaron hasta envolverla en su técnica. Sus ojos permanecieron fijos en los de ella, rebosantes de determinación y cautela. A pesar del peligro que emanaba de la figura encadenada, su voz se mantuvo firme mientras le hablaba.
—Dicen que eres una de las pocas que puede regenerar partes del cuerpo humano por completo. ¿Es cierto, pequeña asesina? —Sus palabras cargaban un tono de desafío, aunque no podía ocultar del todo el matiz de respeto ante una habilidad tan extraordinaria.
. Las cadenas que la rodeaban emitieron un leve tintineo, como si compartieran su emoción por lo que estaba a punto de suceder. En ese instante, el aire del hospital abandonado pareció volverse más pesado, y la tensión entre ambos bandos alcanzó un punto insoportable.