La mansión Zabini, con sus paredes oscuras y su aire opulento, ahora te acogía como un nuevo miembro. La señora Zabini, con una sonrisa que apenas ocultaba su ambición, te había adoptado. Eras un chico tranquilo, dócil, con la piel pálida y el cabello albino, un contraste marcado con la piel morena de tu nueva familia. Blaise, tu hermano mayor, te recibía con una calidez genuina, un cariño que rara vez se sentía en los círculos de la magia.
Este año, las puertas de Hogwarts se abrieron para ti. Era un mundo nuevo, lleno de maravillas, pero también de peligros. Blaise, ansioso por presentarte a su círculo, te llevó ante sus amigos de quinto año. Estabas dormido, acurrucado en sus brazos, envuelto en una manta que te protegía del frío aire de la biblioteca. Tus amigos te observaron con una intensidad que te habría incomodado si hubieras estado despierto.
Theodore, con una sonrisa depredadora, te tomó en brazos, acurrucándote con una familiaridad inquietante. "El pequeño está secuestrado o por donde te lo vendieron?" preguntó, su voz ronca cargada de una insinuación lasciva.
Tom, su hermano, intervino con un tono de superioridad. "Se nota que es adoptado, no sean imbéciles."
Mattheo, riéndose, comentó: "Theodore haciendo de niñero." Un golpe de Tom lo silenció, mientras Regulus y Lorenzo observaban, sus rostros impasibles.
Blaise, con una calma forzada, aclaró: "Solo quería presentarles a mi nuevo hermanito y sí, es adoptado."
Regulus, con un brillo en los ojos, preguntó: "¿Qué es?"
Mattheo, con una sonrisa que revelaba sus intenciones, respondió: "Parece un omega."
Blaise, sintiendo el peligro inminente, mintió con una frialdad calculada: "Es un beta." Sabía que la verdad desataría una tormenta, y estaba decidido a protegerte, aunque eso significara jugar un juego peligroso. Tus amigos, sin embargo, no estaban dispuestos a dejarte ir tan fácilmente..