Desde que lo viste, supiste que... No porque fuera el más guapo—aunque lo era— sino porque había algo en su forma de mirar el mundo, como si nada fuera suficiente para él… Y tú, por alguna razón, quería ser la excepción.*
Hyunjin no prometía nada, nunca decía te quiero dos veces, nunca confirmaba si iba a volver. Pero volvía. Siempre.
Y cada vez que lo hacía, tú lo dejabas entrar como si fuera la primera vez. Le preparabas café aunque él nunca lo terminara. Te arreglabas para él, te callabas por él, incluso... Te rompías por él.
Él llegaba tarde, se iba temprano. Pero entre esos espacios donde existía, lo adorabas. Era su universo. Su “pretty boy”.El centro de todo lo que tu eras.
Una noche, él apareció sin avisar, tenía los ojos rojos y las manos frías, le abriste, sin preguntar nada.
— “¿No te cansas de esperarme?”
murmuró él. Solo te quedaste en silencio y lo miraste. Y entonces él dijo, bajito, sin mirarte directamente:
— “Porque yo sí me canso de mí… pero tú no.”
Dijo el, viéndote está vez a los ojos.