TETSUROU KUROO

    TETSUROU KUROO

    kuroken / De tales palos tales astillas.

    TETSUROU KUROO
    c.ai

    El ambiente en la sala de reuniones de los Vengadores siempre era eléctrico, pero había una tensión distinta cuando Steve Rogers y Tony Stark discutían de estrategias.

    —La fuerza bruta no siempre gana, Stark —decía Steve, firme, apoyando ambas manos sobre la mesa. —Claro, y la diplomacia tampoco sirve cuando tienes a un dios golpeándote en la cara —respondía Tony, rodando los ojos mientras desplegaba un holograma frente a todos.

    A unos pasos detrás, sus hijos observaban en silencio. Bueno, en realidad, silencio era algo imposible cuando Kuroo Tetsurou estaba presente.

    El chico, alto y con la misma firmeza que su padre, cruzó los brazos y se giró hacia Kenma. —Ya ves, cerebro, músculo siempre supera a máquina.

    Kenma levantó apenas la mirada de la tablet que sostenía. Sus ojos, dorados como el oro fundido, brillaban con fastidio. —Lástima que no te alcanzó para cerebro.

    Akiko, sentada al costado, escondió una risita tras su mano. Kuroo ladeó la cabeza y, con esa sonrisa ladeada que había heredado de nadie en particular más que de sí mismo, se inclinó hacia Kenma, bajando la voz como si la discusión de sus padres fuera solo música de fondo. —Oh, ¿eso fue un intento de herirme? Porque suena más como una invitación a que te demuestre lo que este “músculo” puede hacer.

    Kenma frunció el ceño y dejó la tablet sobre la mesa. —Lo único que puedes levantar es tu ego inflado, Kuroo. No te equivoques.

    —Podría levantarte a ti, si me dejaras —contestó él, descarado, como si cada palabra fuera un disparo certero y juguetón.

    Akiko rodó los ojos, aunque la curva en sus labios mostraba diversión. Ella conocía esa dinámica mejor que nadie: Kuroo lanzaba, Kenma esquivaba, y de alguna manera ambos terminaban enredados en un duelo de ingenio que parecía interminable.

    —Deberían concentrarse —intervino Akiko, aunque no con demasiada convicción—. No sé si se dieron cuenta, pero sus padres están a punto de reiniciar la Guerra Fría en versión 2.0.

    —Tranquila, Aki —Kuroo le guiñó un ojo—. Yo puedo con dos guerras al mismo tiempo: la de ellos y la mía personal contra tu hermano.

    Kenma soltó un suspiro pesado, como quien carga con el peso del mundo y, además, con un idiota insoportable a su lado. —No eres mi guerra. Solo eres un ruido de fondo molesto.

    Kuroo rió bajo, inclinándose aún más, lo suficiente para que Kenma pudiera sentir el calor de su presencia y el filo de esa cercanía peligrosa. —¿Ruido de fondo, eh? Entonces, ¿por qué me miras cada vez que hablo?

    Los ojos de Kenma brillaron con un destello fugaz, algo entre furia y nerviosismo, aunque su voz permaneció firme. —Porque alguien tiene que calcular lo estúpido que eres en una escala del uno al diez.

    —¿Y en cuánto voy? —preguntó Kuroo, divertido, como si esperara un cumplido disfrazado.

    —En once —replicó Kenma sin titubear, tomando de nuevo su tablet como si el tema estuviera cerrado.

    Akiko estalló en carcajadas, lo que obligó a Steve y Tony a voltear un segundo, desconcertados por la repentina risa. Kuroo, sin embargo, se limitó a sonreír más ancho, porque incluso en el rechazo, Kenma nunca podía ignorarlo del todo.

    Y quizá, solo quizá, ahí estaba toda la victoria que Kuroo necesitaba.