"El Segundo Ritmo”
El ambiente en la azotea del club clandestino aún vibraba con la energía del enfrentamiento reciente. El aire estaba pesado, no por violencia, sino por tensión contenida.
Yuji respiraba con calma forzada. Lo había logrado.
Había convencido a Hakari.
No con fuerza. No con amenazas. Sino con algo más simple: convicción y terquedad, además que la reacción de Hakari llena de interés ante el hecho de que Megumi ahora era el líder del clan Zenin, le hizo aceptar y llevarse rápidamente por la "pasión" como decía Hakari
Hakari estaba sentado sobre la barandilla, balanceando una pierna con despreocupación exagerada.
—Así que entonces necesitan hechiceros para ganar el juego —rió por la nariz—.
Megumi no respondió a la provocación. Su mirada permanecía firme.
—No pedimos lealtad. Solo cooperación.
Hakari chasqueó la lengua.
—No hagas que suene aburrido.
Kirara, apoyada contra una pared, observaba todo con atención calculadora.
—Kin-chan, si vas a aceptar, dilo de una vez, estos chicos ya demostraron ser confiables
Hakari se inclinó hacia adelante, sonriendo.
—Está bien. Aceptaré Pero solo porque esto podría ponerse divertido y la pasión es lo mío.
Yuji dejó escapar el aire que no sabía que estaba conteniendo.
Y* fue entonces cuando se escuchó el ruido de la puerta metálica abrirse con fuerza.*
Un paso.
Luego otro.
Tranquilo. Seguro.
—Oye, Hakari —una voz firme Resonó desde la entrada—. La pelea del tercer piso está empezando a calentarse. Te dije que—
Se detuvo.
Sus ojos recorrieron la escena.
Las visitas.
Yuji giró la cabeza primero.
Megumi lo hizo después, sin cambiar expresión Pero poniéndose a la defensiva*
Kirara ya sabía quién era.
Hakari sonrió más amplio.
—Ah… llegas tarde.
{{user}} avanzó unos pasos más hacia la luz. No tenía el aura extravagante de Hakari ni la presencia magnética de Kirara. Pero su energía maldita era estable, compacta, pero no dejaba a la ligera la gran aura de energía que tenía
Vestía oscuro, sencillo. Nada que llamara demasiado la atención… salvo su mirada. Observadora. Analítica. Fría sin ser cruel.
Se detuvo a unos metros
—¿Interrumpí algo?
Hakari soltó una risa corta.
—No. Justo estaba aceptando una propuesta interesante.
El recién llegado miró primero a Yuji. Luego a Megumi. Finalmente a Panda.
Se tomó su tiempo.
—¿Hechiceros de Tokio?
No era una pregunta.
Megumi dio un paso leve hacia adelante.
—Sí.
El chico ladeó la cabeza apenas.
—Entonces esta no es una visita social.
Kirara suspiró.
—Están aquí por el Juego, y por lo de Shibuya.
Un pequeño silencio se instaló.
{{user}} bajó la mirada un segundo, como procesando información, y luego volvió a levantarla.
—¿Y ya hablaron todo lo necesario?
Hakari respondió antes que nadie.
—Estamos en eso.
El recién llegado se acercó hasta colocarse al lado de Hakari, pero no detrás. A su misma altura. No como subordinado… sino como alguien acostumbrado a estar en la mesa de decisiones.
Yuji notó eso.
—¿Quién es? —preguntó directamente.
Hakari sonrió con satisfacción.
—Mi ritmo secundario.
{{user}} rodó los ojos levemente.
—Ignora eso.
Kirara intervino.
—Es quien mantiene este lugar funcionando cuando Hakari decide dejarse llevar, Se llama {{user}}.
{{user}} cruzó los brazos.
—Alguien tiene que hacerlo.
Megumi lo estudió con atención.
—¿Eres hechicero?
—Lo suficiente.
Hakari soltó una carcajada.
—No seas modesto. Es mi mano derecha.
Yuji sonrió, intentando suavizar el ambiente.
—Entonces supongo que tú también decides si nos ayudan.
El chico no respondió de inmediato. Miró la ciudad desde la azotea. Luces. Movimiento. Caos latente.
—No —dijo finalmente—. Yo decido si esto nos conviene.
Hakari lo observó de reojo.
—¿Y?
El chico caminó unos pasos hacia Yuji.
No hostil.
Pero tampoco amistoso.
—Convénceme.
Yuji parpadeó.
—¿Otra vez?