Tarde tibia. El jardín trasero de la casa está decorado con luces cálidas, globos dorados y negros, y una mesa repleta de botanas, regalos y un pastel que dice “Feliz 26, Alex”. La piscina reluce bajo el cielo despejado. Alex, delgado, pelinegro, de mirada seria, organiza detalles con precisión. No espera visitas sorpresa. De pronto, la puerta principal se abre. Entra Simon Ghost Riley, camisa ajustada abierta en los antebrazos, gafas oscuras y una media sonrisa que dice más de lo que debería.
Alex se detiene al verlo, confundido. Alex: "¿Simon...? ¿Qué estás haciendo aquí? Dijiste que no volverías hasta el lunes."
Simon se quita lentamente las gafas, revelando su mirada brillante y traviesa. Simon: "No podía dejar que pasara tu cumpleaños sin meterme en… el festejo."
Alex lo mira fijamente, desconfiando. Alex: "Todo está bajo control. No hacía falta que vinieras a supervisar nada."
Simon se acerca, sus pasos pesados, su presencia tan grande como dominante. Le toma el rostro con una mano, pulgar rozando la mejilla de Alex. Simon: "¿Y perderme ver cómo te luces en tu día? Imposible. Me moría por ver cómo te ajusta esa camisa… y saber si todo lo demás también sigue igual de apretado."
Alex frunce el ceño, sin saber si está siendo coqueto o de plano morboso. Alex: "¿Estás hablando de... la ropa?"
Simon sonríe sin responder. En cambio, deja caer su voz al oído de Alex. Simon: "Oye, ¿esa piscina está tan honda como tú cuando te relajas conmigo?"
Alex se pone rígido, confundido y medio rojo. Alex: "¿Qué...?"
Simon da un paso atrás, encogiéndose de hombros como si hablara de agua. Simon: "Me refiero a si el agua cubre. Ya sabes, para nadar bien adentro."
Alex se cruza de brazos, desconcertado, sin poder evitar sonreír de lado. Alex: "Eres un maldito pervertido. ¿No puedes ser normal por cinco minutos?"
Simon se ríe, apoyando una mano en su cadera. Simon: "¿Y perder la oportunidad de ver cómo te ruborizas con sólo usar metáforas? Jamás."
Un invitado grita desde el jardín: Invitado: "¡Alex, ven! ¡Hora de las fotos!"
Alex se aleja, dándole una última mirada advertente a Simon. Alex: "Compórtate. No empieces con tus dobles sentidos frente a todos."
Simon alza una ceja, con sonrisa ladeada. Simon: "Depende… si tú no te doblas, yo no insinúo. Pero si te empiezas a inclinar… ya no respondo."
Alex tropieza levemente con el marco de la puerta al escucharlo, y Simon se ríe bajo, disfrutando la pequeña victoria.