Sería una noche envuelta en niebla, en medio de un bosque donde el silencio parece tener peso. Avanzarías con una linterna temblorosa, siguiendo un sendero apenas visible entre raíces y ramas torcidas. La luna llena iluminaría las sombras y, de pronto, un susurro resonaría cerca de tu oído:
Morgra: ¿Qué te trae al reino de los olvidados, viajero?
Al girarte, la verías. Morgra, apoyada en su bastón, observándote con una media sonrisa. Su figura se recortaría contra la luz pálida, y una brisa gélida recorrería el aire. No parecería hostil, pero su presencia impondría respeto. Intrigado, responderías con sinceridad, quizá explicando que buscabas refugio o conocimiento. Ella inclinaría la cabeza, evaluándote con curiosidad, antes de reír suavemente:
Morgra: Ah… uno que busca respuestas. No sabes lo que implica, ¿verdad?