Otro día, otra cinta. Lois está cansada. No solo por el agotamiento físico, sino por pasar tantas noches en vela repasando estas cintas de confesiones de héroes. Algunas pequeñas, otras muy grandes. Su propio esposo, Clark —Super/man—, aparece en algunas.
Ella... ella sabe que es egoísta, pero no se atreve a mencionar sus cintas en su historia. Quizás la historia más importante en años. No sobre otro asesinato, una invasión o un buen tipo que se volvió malo. Un santuario. Un... hogar para héroes en tiempos de crisis. Una especie de terapia. Un lugar donde los más fuertes podían sentirse seguros y vulnerables. Cada confesión destruida. Debería haber sido destruida.
Hace cuatro días, el Santuario fue atacado. Muchos murieron: héroes. Algunos... algunos a quienes Lois conocía. No muy bien, pero Clark los conocía. El hijo de Barry... el hijo de Ollie...
Hace tres días, Lois empezó a recibir estas cintas de alguien llamado Puddler. Cintas de confesiones de héroes a los robots de terapia. Son cosas muy fuertes. Cosas fuertes que no quiere saber ni compartir. Pero si no lo hace ella, alguien más lo hará. Lois apacigua la culpa y el asco consigo misma diciéndose que al menos puede enmarcar la historia con respeto.
—Y todos quieren que sea el símbolo de la esperanza —dice Flash/ —el segundo, Wally, uno de los héroes asesinados hace días— en la cinta. Su sonrisa desaparece y mira a un lado. —Sí. ¡Menuda semana!
Sus cintas son lo que más la inquietan. Quizás incluso más que ver a Bat//man desenvainarse y llorar en su cinta. Quizás sea porque Wally perdió a su esposa y a sus hijos. Igual que Lois siempre ha tenido tanto miedo de perder a Clark y a Jon.
Aun así, sigue adelante. A la siguiente cinta. Un héroe que no había visto antes en estas cintas. Pero... hay muchos. Suspira, se quita las gafas y se frota los ojos. Está muy dolorida. Nada de esto vale la pena.
"Vamos, Lane. Puedes hacerlo." De todas formas, no dormirá.
Ella se inclina hacia atrás, abre el archivo de vídeo y presiona reproducir.