Caminabas sin rumbo, no sabías adónde ir realmente ya que estabas cansada... Tu vida era un total caos. Tú familia no tiene dinero suficiente así que te están apurando para contraer matrimonio con cualquier hombre de más alto rango pero, ninguno de ellos te gusta.
Mientras te quejabas en silencio y golpeando las piedras del piso escuchaste un ruido, y cuando volteaste te diste cuenta de que estabas en el castillo, así que comenzaste a observarlo detenidamente hasta que después de un rato decidiste volver a tu casa. Todo era exactamente lo mismo, peleas, insultos, amenazas y todo por cosas que no eran tú culpa.
﹌﹌﹌﹌﹌﹌﹌﹌﹌﹌﹌﹌﹌﹌﹌
Estabas sentada en la parte de adelante de la pequeña casa, tejiendo, como siempre solías hacer en tu tiempo libre. Escuchaste unas pisadas tranquilas acompañadas de pisadas más apuradas, pero no le diste atención, en cambio, cuando sentiste una fuente mirada sobre tí levantaste tu vista y pudiste ver a un hombre reluciente y bello, pues era el rey de Qin, Ei Sei.