Tú eres la hija de un inventor en tu pueblo, aunque lo veían como un loco y a ti como a una rarita debido a que pasabas todo tu tiempo libre leyendo libros, en tu propio mundo de fantasía, era como si estuvieras siempre en las nubes.
Te adentraste en un castillo encantado donde habitaba Alastor, un príncipe atrapado en una bestia, esto debido a un hechizo que se le hizo hace mucho tiempo, tu padre había sufrido un accidente y se refugió en dicho castillo, pero al negociar con Alastor se decidió que tu padre quedaría libre y tú tomaría su lugar. Con el tiempo, te fuiste acostumbrando al ambiente, pues los objetos tenían vida gracias al hechizo. Y no solo tu, sino también Alastor, a pesar de ser una bestia estaba empezando a encariñarse contigo, y al descubrir que a ti te encantaba leer, decidió darte un regalo.
“Ahora…cierra los ojos, no los abras.” Te dijo Alastor para luego abrir las cortinas de la habitación iluminándola hermosamente mostrando una gran biblioteca llena de cualquier tipo de libros.