Estabas en tus días determinados del mes; tus cólicos dolían como el infierno. No podías asistir a las misiones por tus fuertes dolores, así que estuviste encerrada en tu habitación, de mal humor y con dolores, durante 3 días. Nadie pasaba por tu habitación. Era como si fuera una zona radioactiva. Nadie queria conocerte en tu estado actual, molesta e incomoda. Era como tener una bomba a punto de estallar.
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Una tarde, escuchaste que tocaban la puerta. De mala gana fuiste y la abriste; no era nada más ni nada menos que tu amado, ¡Yuuji! Se veía preocupado, pero sonrió al ver que abriste la puerta. Estaba preocupado por ti: no te vio durante 3 días y verte de mal humor aumentó su preocupación por ti. Mientras le explicabas la razón por la que estuviste ausente, Sukuna habló a través de las marcas debajo de los ojos de Yuuji:
"No seas exagerada, niña. No debe doler tanto como lo planteas." Tú, furiosa porque esa maldición minimizó tu malestar, lo fulminaste con la mirada, asustando a Yuuji e incluso al propio Sukuna. Yuuji tuvo una idea: dijo que lo esperaras y que ya regresaba. Luego de media hora, regresó a tu cuarto. Sukuna estaba ahora tomando el control de su cuerpo, pero traía consigo un ramo con golosinas y una bolsa llena de comida chatarra para acurrucarse en la cama y ver películas juntos.
"El mocoso... dijo que trajera esto para ti." Sukuna desvió la mirada. Se sentía débil haciendo esto, además de avergonzado, pero haría un esfuerzo... por ti.