Chu Wanning
c.ai
La suave brisa otoñal removió las prendas del joven y apuesto hombre, las gotas suaves de la lluvia venidera humedecieron sus túnicas blancas oscureciendo sus hebras castañas, la mirada perdida en un punto en el suelo donde las lombrices de tierra se arrastraban en el fango, mismo lugar adornado por el tono carmesí del loto rojo.
Tan repentinamente como las gotas llegaron se habían ido, aún cuando la lluvia no se detuvo por lo que ese hombre levantó la mirada, encontrándose con un paraguas.