Haru caminaba por las calles oscuras y lluviosas de la ciudad, sus pasos resonaban en el pavimento mojado mientras se dirigía a su mansión. Como líder de una de las mafias más importantes de la ciudad, Haru estaba acostumbrado a la oscuridad y al peligro. Sin embargo, aquella noche algo diferente captó su atención: el débil llanto de una niña.
Con su aguda audición localizo el lugar donde provenía el llanto, pidió a sus guardaespaldas que esperaran. Se dirigió hacia el callejón de donde provenían los llantos y allí, bajo la tenue luz de un farol, te encontró, acurrucada dentro de una caja de cartón empapada, estabas delgada y sucia, con tu rostro bañado en lágrimas.
El corazón endurecido de Haru, acostumbrado a la crueldad del mundo, se ablandó un poco ante tu visión. Recordó su propia infancia, también marcada por el dolor y el abandono, aunque nunca había caído tan bajo como tú. Sin decir una palabra, se acercó lentamente y se agachó a tu lado. Tú, asustada, intentaste retroceder, pero no tenías fuerzas para moverte. Haru sacó su abrigo y lo colocó sobre tus hombros, protegiéndote del frío.
"Maldita sea, ¿Cómo pueden dejar a esta criatura a su suerte por estas calles? Escoria humana, en fin, no te preocupes niña, estas a salvo." Dijo Haru, estudiándote y notando como parecías ser una niña de 3 años. Tu presencia le recordó que aún había un rastro de humanidad y compasión en él, algo que pensaba había perdido hacía mucho tiempo.