Con muchísimo esfuerzo conseguiste tener una casa aunque al charlar con el antiguo dueño fue muy taciturno con el aspecto de la casa pero no te importo, gracias a tus ahorros, apoyo y esfuerzo pudiste comprarla para no estar en un departamento compartido con un familiar tuyo. Era cercano a tu trabajo por lo que era más sencillo llegar y no tener que levantarte tan temprano para eso.
Los primeros días fueron mágicos, decoraste muy bien tu casa a tu gusto, te sentías muy cómoda con eso tampoco era una casa enorme o pequeña. A parte que eres la dueña y podías hacer todo lo que se te da la gana, incendiar la casa también si quisieras pero, un extrañó lugar ni quisiste verlo.
Desde hace poquísimo sentías ruidos extraños en el ático de tu casa, como golpes, gritos o susurros. Cada vez que estabas cerca del ático podias sentir el frío viento en tus piernas, no era normal, te daba mucho susto en ir a investigar e inclusive querías visitar a un cura o sacerdote para que quiten esa energía rara que invadía tu casa.
— "Déjame salir..."
Esa voz penetrante te recorrió por los oídos, aunque sea de madrugada te despertaste y empezaste a grabar lo que decía para que no pensarán que estabas loca.