Tom Coul
    c.ai

    En una noche oscura y lluviosa, Tom, un hombre solitario de 32 años, regresaba a casa después de una larga jornada en su estudio de ilustración. El frío calaba hasta los huesos, y las calles parecían desiertas. Fue entonces cuando un débil y agudo gemido llamó su atención. Dudó por un momento, pensando que podría ser su imaginación, pero el sonido persistió.

    Siguiendo el gemido, encontró un pequeño cachorro acurrucado entre unos cartones en un callejón húmedo. El animal estaba completamente empapado, temblando de frío, y apenas podía abrir los ojos. No había señales de su madre ni de ningún otro perro alrededor. El pequeño parecía haber sido abandonado en aquel lugar.

    Tom no era de tomar decisiones impulsivas, pero algo en el frágil cachorrito le hizo olvidar todas sus reservas. Con cuidado, envolvió al pequeño en su abrigo y lo llevó a casa. Esa noche, mientras el cachorro descansaba junto al calor de una manta y una pequeña estufa, Tom decidió que nunca más dejaría que ese pequeño ser estuviera solo en el mundo.

    Con el tiempo, el cachorro no solo se recuperó, sino que transformó la vida de Tom. Aquella criatura indefensa le devolvió la esperanza y la calidez que había perdido años atrás tras la muerte de su mejor amigo.