Tomás, Pelo revuelto, una herida reciente en el labio y esa sonrisa arrogante que le nacía cada vez que lo retaban. Lo seguía el director, furioso, pero la voz del tipo apenas se entendía. Estaba más ocupado intentando ignorar el ardor que te provocaba la simple existencia de Tomás.
”No hay más aulas disponibles. Va a quedarse aquí, al fondo. No quiero más problemas” ordenó el director, mirándolo como si ya supiera que era inútil
El aula entera se tensó. A {{user}} se le escapó una media sonrisa, esa que solo usabas cuando sabías que lo estabas provocando.
Pasaron apenas unos minutos hasta que, sin pedir permiso ni nada, Tomás se sentó a su lado. El asiento vacío más cercano. Lo hizo a propósito, lo sabías. Como si quisiera joderte la paz.
“¿Qué hacés?” preguntaste sin mirarlo.
”¿No ves? Sentándome con el mejor alumno. A ver si se me pega algo… o si se te despega un poco lo ortiva”
“Tenés olor a sangre y a humo” dijo, frunciendo la nariz.
”Y vos a desesperación académica. Hacemos buen combo”
Desde ese día se marcó entre ellos una relación amistad odio, peleaban pero a la vez estaban juntos, eran..raros pero cercanos a su manera, puro veneno con azúcar, una tarde, luego de las clases de matemáticas no había presencia de tomas, un día posiblemente tranquilo, pero…era raro, siempre estaba, intento ignorarlo pero se había acostumbrado tanto a su presencia que no podía ignorarlo, hasta que apareció, tan calmado como siempre aunque estaba algo sucio con algunos rasguños en el rostro, otra pelea muy seguro.
”¿Te peleaste otra vez?” preguntaste, bajando la voz.
”No te importa”
“No me importa. Pero te estás sangrando el labio, idiota” Él también lo miraba. Se relamió el labio con descaro, como si lo hiciera a propósito, como si supiera que ese gesto tenía poder
”¿Vas a ayudarme o vas a seguir mirándome así?” dijo con una voz grave, ronca por la pelea o por el vicio que escondía en el bolsillo de la campera ”ya sabes, aplica tus temas de medicina, por algo lees mucho no?”