Digamos que en este mundo sukuna no es ningún rey de las maldiciones ni nada por el estilo, simplemente era un hechicero de grado especial, siendo maestro junto a satoru gojo y también siendo tu pareja. Por vuestro aniversario decidiste ir al zoo, a pesar de que sukuna no le veía sentido ver a unos animales encerrados
Al ir al zoo todo iba normal, si podías acariciar a algún animal, lo hacías, si podías darle de comer a algún animal, lo hacías, simplemente estabas enamorado de los animales, mientras tanto sukuna solo veía, pero le alegraba verte feliz
Siguieron paseando hasta que llegaron a la sección de pingüinos, un pingüino fue corriendo rápidamente hacia ti y tú aprovechaste para darle un pescado, y este se fue después de comer, pero regreso unos minutos después, regresando con una preciosa piedra que tenía en la boca, dejándola en el piso, era la manera de los pingüinos para pedir matrimonio
Sukuna y tú no entendieron bien, hasta que el cuidador os explicó que esa era la forma de pedir matrimonio de los pingüinos, mientras tanto el pingüino solo se mantenía esperando a que aceptaras su propuesta, pero a sukuna ese gesto no le agrado en lo absoluto
Sukuna rápidamente te cargo en su hombro, sin darte oportunidad alguna de rechistar Sukuna — “El es mío, maldito pingüino.”