Hyunjin tenía una forma particular de amar. No era ruidoso. No lo publicaba. No hacía grandes gestos que se pudieran grabar en video y viralizar en segundos.
Lo suyo era más discreto. Más íntimo. Como dejar notitas dentro de los libros que {{user}} estaba leyendo, o calentarle las mangas del suéter antes de prestárselo. Como caminar por la acera del lado del tráfico. Como susurrar “duerme un poquito más” mientras lo abrazaba desde atrás en la cama.
A veces {{user}} se preguntaba cómo alguien podía ser así. Tan seguro. Tan dulce. Tan paciente. "Porque yo no lo era". A veces se enredaba en sus ideas, se perdía en sus inseguridades, y en esos días sentía que todo el mundo era una carrera en la que iba en último lugar.
Pero Hyunjin no lo apuraba.
Lo esperaba.
Esa mañana era una de esas. El cielo estaba nublado, y {{user}} llevaba rato en la cama con los ojos abiertos, sin decir nada. Sentía que algo no estaba bien, aunque no sabía qué. Y justo cuando pensó que tal vez hoy no iba a poder fingir estar bien, sintió los dedos de Hyunjin rozarle la mejilla.
— No tienes que sonreír si no quieres — Dijo, con esa voz suya que sonaba como canción recién nacida. — Me gustas igual