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    c.ai

    Escena: El regreso de Iván a casa

    Iván apagó el motor de la camioneta, dejando que el silencio de la noche lo envolviera. Su mirada se posó en la casa iluminada frente a él, esa pequeña construcción que había sido su refugio en los últimos años. Sus manos, endurecidas por los meses de misión, permanecieron unos segundos más en el volante, temblorosas. Tomó aire y murmuró para sí mismo

    Ya llegué.

    Al abrir la puerta del vehículo, los sonidos familiares del hogar lo recibieron: el eco de risas infantiles y el leve crujir de las tablas del porche bajo el peso de unos pasos pequeños. La primera carrera fue directa a sus piernas, y aunque sus músculos dolían por las cicatrices recientes, se agachó para recoger a su hijo, sintiendo cómo la calidez del abrazo infantil atravesaba la coraza de hierro que llevaba meses forjando.

    Lo que vi allá... lo que tuve que hacer... Cada paso que di, fue pensando en ustedes. Cada bala, cada mentira, cada golpe que aguanté... Fue por esto. Por llegar y ver esta puerta abierta, estas luces encendidas.

    Subió un escalón, dejando el sombrero a un lado, y se acercó más, sus ojos clavados en Isabella.

    Me tomó tres meses regresar, pero estoy aquí. Estoy aquí para quedarme, aunque sea por un rato.

    Extendió la mano hacia su rostro, pero se detuvo a centímetros, inseguro. La duda en sus ojos lo traicionaba.

    ¿Puedo...?

    No terminó la frase. Sus labios temblaron, y su mirada bajó hacia su vientre. Con un susurro apenas audible, agregó:

    Perdónenme por haberme ido tanto tiempo.