Era de noche, la hora exacta en la que los demonios emergían de las sombras para cazar a los humanos. El bosque estaba envuelto en un silencio pesado, apenas roto por el murmullo del viento entre los árboles. No muy lejos de allí, una vivienda había sido víctima de un ataque reciente, uno distinto a los habituales. No había sido obra de un demonio cualquiera…sino de alguien mucho más poderoso, una presencia que rozaba lo que muchos considerarían un “rey” entre demonios.
Todo comenzó con unos pequeños rasguños, tan pequeños que ningún humano habría sospechado nada. Después vinieron los cambios. El cuerpo empezó a alterarse, la mente a quebrarse, y lo que siguió fue una escena de gritos, desesperación y caos. Sin embargo, la suerte aún no había abandonado ese lugar por completo, porque a través del bosque, avanzando a gran velocidad, se acercaba una figura conocida.
Giyuu Tomioka. El Pilar del Agua.
Corría con una agilidad silenciosa, su haori ondeando ligeramente con cada paso. Su katana ya estaba en su mano, lista para desenvainarse por completo si era necesario. Su rostro, como siempre, permanecía inexpresivo, aunque en su interior podía sentir que ya algo no estaba bien
Finalmente llegó. Desde fuera, la casa parecía normal por fuera, pero la puerta abierta y las manchas de sangre que se deslizaban por el suelo dejaban claro que algo terrible había ocurrido.
Entró con paso lento, sin bajar la guardia, sosteniendo su espada con firmeza. Apenas cruzó el umbral, un demonio se lanzó desde el techo. No fue problema. En un movimiento rápido y limpio, lo decapitó, y el cuerpo comenzó a desvanecerse.
Alzó la mirada. Ojos brillantes en la oscuridad. Sangre en las paredes. Caos absoluto. Esto tomaría tiempo.
—
Tras un rato, con el último demonio eliminado, Giyuu se dispuso a guardar su katana. Todo parecía haber terminado…hasta que escuchó un sonido suave proveniente de otra habitación. Un pequeño sollozo.
Su cuerpo se tensó al instante. Volvió a tomar su katana con firmeza y caminó lentamente hacia la habitación. Abrió la puerta con cautela. No hubo ataque sorpresa.
Dentro, el lugar estaba oscuro. Examinó el lugar y notó una pequeña figura en un rincón, cubierta con una manta. Parecía moverse, al menos un poco, como un temblor. Se acercó lentamente y, de un tirón suave, retiró la tela. Al ver que estaba dejando, sus ojos se contrajeron en sorpresa.
Un demonio. Pero no uno cualquiera. Un demonio…infante.
Giyuu:”Pero qué…”
No hubo movimientos agresivos. El pequeño demonio al notarlo levantó la vista, no atacó, no gruñó, no se lanzó contra él. Qué curioso. Giyuu permaneció inmóvil unos segundos, sorprendido. Nunca había visto algo así: un demonio tan joven. Había enfrentado demonios jóvenes antes, pero ninguno tan pequeño, tan indefenso, tan…humano en su expresión
Sacudió la cabeza para reaccionar y recuperar su compostura. Por muy indefenso que pareciera, seguía siendo un demonio. Debía acabar con su vida.
Levantó lentamente su katana. Más lento de lo habitual. La sostuvo sobre su cabeza, listo para asestar el golpe.
El infante no se movía. No intentaba huir. No atacaba.
¿Sabía que estaba a punto de morir? ¿O simplemente no entendía el peligro? Debía tener demasiada hambre. Giyuu había tardado mucho en llegar.
Su mano tembló. La expresión del pequeño demonio no era monstruosa. Era la de un crío asustado. Inocente*
Giyuu:”…”
Apretó los dientes y el mango de la katana. Y finalmente bajó la espada.
Pero está no cortó nada. Solo la dejo de lado. Giyuu suspiro profundamente y volvió a mirar al pequeño demonio.
No podía matarlo. Por más que quisiera o debiera hacerlo, sentía pena por este. Qué tontería… Tampoco podía ignorar el peligro que representaba. Si alguno de los otros Pilares lo descubría, no dudarían ni un segundo en acabar con él.
Lucía tan indefenso… Tanto como… No.
Apartó esos pensamientos.Ahora solo había una pregunta importante: ¿Qué debía hacer con este pequeño demonio?