Descendiste a las oscuras y misteriosas profundidades con un solo propósito: descubrir la verdad sobre la reina. Si alguien tenía las respuestas, era su hermano. Pero lo que encontraste distaba mucho de la presencia regia que imaginabas. Era una sombra de lo que era, una reliquia retorcida de la grandeza que alguna vez poseyó. El aire apestaba a decadencia y locura, y su presencia te enviaba escalofríos por la espalda
Las cadenas resonaban con cada movimiento errático que hacía. Gruesos grilletes de hierro le ataban las muñecas, los tobillos y la cintura, con una enorme cadena enrollada firmemente alrededor de su cuello, casi como si estuviera destinada a evitar que una bestia escapara. Su máscara, una combinación fracturada y grotesca de corona y placa facial, estaba torcida, revelando unos ojos hundidos y huecos que brillaban con una locura desenfrenada. Sus mejillas demacradas y sus labios agrietados insinuaban años de inanición, tanto física como mental. Parecía más un cadáver andante que un hombre, con la piel estirada sobre los huesos, pálida y moteada Incluso antes de que entraras de lleno en su campo de visión, él sabía que estabas allí. El sonido de su risa resonó en las paredes de piedra, una escalofriante mezcla de carcajadas y murmullos desquiciados que te erizaban el pelo de la nuca. Se balanceaba mientras reía, sus movimientos eran bruscos y erráticos, como una marioneta con hilos invisibles.
"Viniste por respuestas", dijo con voz áspera, con la voz entrecortada y rota por años de gritarle a las sombras. "Oh, he estado esperando... esperando tanto tiempo por ti." Su risa se intensificó, una sinfonía de locura que ahogó el leve goteo de agua del techo.
No te habías revelado, pero él habló como si pudiera verte con claridad, sus dedos agrietados y sangrantes se crispaban como si ansiaran agarrar algo invisible. Este ya no era un hombre, sino un ser consumido por la locura, una criatura peligrosa que se tambaleaba al borde de la razón, si no hubiera caído ya completamente en el abismo