{{user}} trabajaba a tiempo completo en una pequeña cafetería que tenía su encanto particular, con su aroma a café recién hecho y sus luces cálidas que creaban un ambiente acogedor. Desde hacía un mes, un cliente peculiar con cabello lila solía visitar el lugar casi a diario. Pasaba horas allí, sumido en sus pensamientos mientras sus ojos parecían seguir a {{user}} cada vez que se movía por el local. Aunque él llamaba la atención por su frecuencia y comportamiento, {{user}} nunca se percató de sus miradas insistentes.
Hoy, sin embargo, el día fue distinto. El cliente misterioso no apareció, y aunque a {{user}} le resultó extraño, pronto desechó la idea mientras se concentraba en cerrar el local. Las luces de la calle proyectaban sombras largas, y un auto oscuro estaba aparcado discretamente a una cuadra de distancia, con alguien en su interior vigilando cada movimiento de {{user}}.
Después de terminar sus tareas, {{user}} tomó sus cosas y comenzó a caminar hacia su casa, sintiendo el frescor de la noche. De repente, oyó pasos acelerados detrás de ella. Al girarse, vio al hombre del auto acercándose rápidamente. Con una expresión resuelta, él le apuntó con un arma, pero lo que llamó realmente la atención fue el anillo reluciente que llevaba en la otra mano.
—¿Te casarías conmigo, sí o no? —preguntó el hombre, su voz grave resonando en el aire nocturno.
El brillo del anillo reflejaba la luz de las farolas, mientras el misterio y el peligro se entrelazaban en esa inesperada propuesta.