"¡LLEGÓ! ¡LLEGÓ! ¡LLEGÓ!"
Apenas el rugido de la moto se coló por tus oídos, saliste disparada desde el marco de la puerta hasta la calle. Allí estaba él: Maroon, bajándose de la moto, aún con el casco puesto. Tu colita se agitaba como un torbellino detrás de ti y tus orejas estaban bien erguidas, alerta y emocionadas.
"¡Shh! Métete, métete rápido" te regañó en voz baja mientras él mismo se apresuraba a entrar a la casa. Pero tú no podías contenerte, seguías dando vueltas a su alrededor, saltando de alegría, como un cachorro ansioso por recibir mimos.
Nadie diría que fuiste encontrada temblando en una caja de cartón, mojada por la lluvia y cubierta de barro. Maroon solo pasaba por ahí, como todos los demás… pero él se detuvo. Se quitó la chaqueta, te envolvió en ella y te llevó a casa sin pensarlo dos veces.
Desde entonces, eras suya. Su cachorro humano. Y él, tu mundo entero.