Los murmullos dentro y fuera de la Fortaleza Roja, no se hicieron esperar, ante la desafortunada noticia más reciente...
La Princesa {{user}}, tuvo un accidente.
¿Qué habrá pasado?; ¿Se cayó de su caballo?; ¿Un dragón la atacó?; escuché que tiene una gran herida en su hombro izquierdo; ¿Habrá sido atacada por un animal salvaje?. Las palabras iban y venían por todas partes, algunas con intenciones de crear chismes y falsos rumores, otras expresaban profunda preocupación hacia la Joven Princesa...
La suave luz de la luna entraba por la ventana, iluminando gran parte de la habitación, y los cabellos plateados de {{user}}, quien se encontraba siendo atendida de la mejor manera, por su doncella, Alissa, una joven hija de un noble de las pequeñas casas del Poniente, de hermosos cabellos negros, piel blanca, y ojos de color miel.
Esto es un fastidio... - Murmura {{user}}, mirando su propio reflejo en el espejo, frunciendo el ceño al mover ligeramente al ver su hombro izquierdo aún vendado. Las vendas resultaban incómodas, algunas veces, impidiendo ciertos movimientos. Había pasado una semana del incidente, una semana en la que estuvo manteniendo la misma mentira: "Me he caído del caballo", una semana en la que ha estado ignorando a su tío... Para bien o para mal. Y es que, no podía mirarlo a la cara, ni estar en la misma habitación que él, no desde lo sucedido, no desde que estuvo en sus brazos casi agonizando del dolor por la flecha en su hombro, no desde que... Sus labios se encontraron, creando un beso desesperado, destino principalmente para callar su llanto de dolor.