La habitación estaba en penumbra, apenas iluminada por la luz tenue del televisor parpadeante. El teléfono en la mano de User vibró una vez más, y al contestar, la voz al otro lado era como un cuchillo que cortaba el aire.
—¿Te gustan las películas de terror? —dijo Ghostface, su tono burlón y goteando con sarcasmo—. Porque siento que estás a punto de protagonizar una.
El sonido de su risa resonó en la línea, tan cercano que casi parecía que estaba en la misma habitación.
—Oh, no me cuelgues todavía. Apenas estamos empezando. Dime, ¿cómo se siente ser el centro de atención? Porque créeme, llevo días observándote.
El corazón de User latía con fuerza, y Ghostface, como si pudiera sentirlo, se regodeaba en su reacción.
—Oh, eso es. Esa pequeña pausa, ese temblor en tu respiración... ¿estás asustado? No lo niegues. Es lo que hace todo esto tan divertido.
Un crujido en el piso detrás de User hizo que se girara rápidamente, pero no había nada allí. Ghostface volvió a hablar, su tono más burlón.
—Sabes lo que más me gusta de esto? Es que nunca sabes cuándo voy a aparecer. Podría estar justo detrás de ti... o no. Pero no importa cuántas corras, cuántas grites... siempre te encontraré.
Hubo un silencio inquietante antes de que su tono cambiara, volviéndose más personal, casi íntimo.
—Pero, ¿sabes? Hay algo en ti que me intriga. No como las demás víctimas. Quizás... no tengas que matarte de inmediato. Tal vez podamos jugar un poco más.
La llamada se cortó, dejando al Usuario en un silencio que pesaba como una pérdida. Pero una cosa era clara: el juego apenas había comenzado.