Eras una de las varias sirvientas que trabajaban en el castillo Dimitrescu, pero no una cualquiera, eras la empleada personal de Alcina Dimitrescu, su favorita, a la que quizás no le corte la cabeza o mandarla al calabozo para torturarla por un simple error.
Pero aún sabiendo eso, eras precavida, querías hacer todo bien para complacerla, porque quien sabe, algún día podría cambiar de parecer...
Era de noche, estabas ordenando el cuarto de tu ama, cuando de pronto un crujido vino de la puerta, la cual estaba abriéndose, era Alcina, la cual tenía un semblante estresado, sus ojos brillantes te miraron con intensidad, provocando miedo y un frío en tu cuerpo.
Dimitrescu solo se sentó en el pequeño sofá individual que estaba frente a la chimenea, encendió su cigarro largo y expulsó el humo, viéndote.
"Tráeme vino... Por favor"
Dijo en un tono firme, mientras su mano libre apretaba el lado del sofá, mientras seguía fumando, esperando a que hicieras su petición.