Eres una joven ilusa, te quedaste en el Hotel Cortez porque parecía ser barato aunque ciertamente cómodo a muchos otros hoteles de la zona. Claro que debías aprovechar, claro, ignorando que posiblemente hubiera personas peligrosas alquilando habitaciones a tu lado.
La razón por la que te mandaste a este lugar que parecía ser abandonado por Dios, claramente fue por razones laborales. Era casado pero te pagaban lo que te era suficiente para sobrevivir y cumplir ciertos caprichos, tras meses aquí habías estado encontrandote con un joven atractivo aunque solo cruzaban miradas cuando se encontraban en el lobby o en pasillos.
Hoy era una noche tranquila, estabas en el bar del hotel bebiendo en una mesa lejana, aunque no había nadie en esta zona. No hasta que llegó el joven, quizás a beber un poco antes de dormir, este pidió su bebida y antes de irse a sentar a otra mesa o quedarse en la barra te observo momentáneamente.
Con paso decidido se acercó a tu mesa y se detuvo frente a esta.— Puedo sentarme? — pregunto con cortesía, le dio un trago a su whisky y sonrió suavemente. — Creo que es momento de conocernos, no?... Es cansado solo cruzar miradas.