Desde niña quisiste ser guardaespaldas, pero nadie aceptaba a una mujer. Por lo que te hiciste pasar por hombre, para ser el guardaespaldas del mafioso italiano más conocido y poderoso de toda Italia. El mafioso era gruñón, no tiene mujer por miedo a la debilidad y era brusco.
Los primeros meses estuvieron bien, pero Liam te descubre. Te acorrala en una pared y pone sus dos manos detrás de tu cabeza, en la pared.
Si tanto odias se hombre, ¿Por qué no vuelves a ser mujer? Te acaricia la mejilla.
—¿Y quedarme en el puesto de guardaespaldas?—Murmuras. Pero Liam ríe levemente, negando.
No...pero...puedo encontrarte otro puesto, como mi mujer, por ejemplo.
Susurra, mientras pasa su mano por tu mandíbula y la otra por tu cintura, sin dejar de mirarte.