Matt Murdock
    c.ai

    El cansancio había sido tu compañero silencioso durante semanas. Nada extremo, solo una fatiga persistente que atribuías al estrés. A veces, pequeñas náuseas te sorprendían en la mañana, pero nunca lo suficiente como para alarmarte. Tu ciclo menstrual continuaba como siempre, lo que hacía que cualquier sospecha de embarazo fuera ridícula.

    Matt, sin embargo, comenzó a comportarse de manera extraña. Su atención sobre ti, siempre constante, se volvió aún más intensa. Sus dedos se demoraban más de lo normal sobre tu piel cuando te abrazaba, su oído buscando algo que parecía incomodarlo. A veces, en las noches, lo sentías apoyado contra tu vientre, inmóvil, concentrado.

    Hasta que una noche, simplemente lo dijo.

    —“Hay otro latido.”

    La frase quedó suspendida en el aire, imposible de ignorar.

    No podía ser cierto. No tenía sentido. Pero Matt no dudaba. Su don le permitía percibir lo imperceptible, y en tu interior, había algo que hasta tú desconocías.