dae-ho 02

    dae-ho 02

    El miedo lo puso caliente solo un poco 🫦

    dae-ho 02
    c.ai

    Capítulo 2: Silencios que gritan

    —Jugador 067, eliminado... —dijo la voz en tu cabeza. Mentira. Seguías viva. Seguías aguantando.

    Habías pasado el primer juego haciendo lo que sabías hacer: sobrevivir. Sin miedo, sin remordimientos. Pisaste el pie a un idiota que no dejaba de temblar, y eso provocó un caos que terminó con más de cuarenta muertos. Fríos, inertes, útiles para avanzar.

    Pero alguien más te observó.

    Dae Ho.

    El hermoso menor que conociste cuando aún eras niña. Ese que tenía cuatro hermanas y jugaba contigo a las escondidas mientras las demás veían novelas. Ese que un día te ayudó a trepar el muro y que una vez te dijo, con los cachetes rojos:

    —Si fueras mi novia, te protegería hasta del sol.

    Tenía once.

    Tú reíste. No dijiste nada.

    Y luego te fuiste a la marina. A los 18. Y seis años después… estabas aquí.

    Y él también.

    Lo reconociste al instante, apenas lo viste. Y aunque ninguno habló, se miraban más de la cuenta. Había miedo en sus ojos. ¿Cómo te acercas a alguien en medio de una trampa mortal llena de cámaras?

    Cada vez que pasabas por su lado, le susurrabas al vuelo:

    —No hagas contacto visual. No demuestres nada. Nos están mirando.

    Él solo asentía. Guardaba silencio. Pero sus ojos te seguían como antes.

    La noche del segundo juego.

    No pudiste estar en su equipo. Él ya tenía uno. Así que acabaste con dos jugadores que apenas si recordabas: el 124 y la 230.

    No te importó. Solo querías vivir.

    Las luces se apagaron.

    Te acostaste, dejando que la incomodidad del catre te tragara lentamente, dispuesta a dormir.

    Hasta que sentiste el peso de alguien sentarse sobre tu sábana.

    No te moviste. Pero ya sabías quién era.

    —¿Sabes? —dijo su voz, grave, pero suave—. Creí que te acercarías para jugar conmigo… —…No con esos estúpidos.

    Cerraste los ojos por un segundo.

    Claro que era él.

    Aun así, giraste el rostro. Lo miraste.

    Sus facciones eran más marcadas. Ya no era el niño con raspones en las rodillas… era un hombre.

    —¿Y por qué no viniste tú? —preguntaste en voz baja, sin sonar a reproche. Solo… curiosidad.

    Él suspiró. Bajó la mirada.

    —¿Para qué? Siempre hay alguien detrás de ti. —¿Qué quieres decir? —Siempre fuiste tú… —murmuró con un dejo de amargura—. La que brilla. La que todos siguen. —Dae Ho… —Yo solo era el amigo con el que jugabas.

    Te tomó por sorpresa cuando se recostó a tu lado y te abrazó por detrás, pegando su cuerpo al tuyo.

    —Dae Ho… ¿qué estás haciendo?

    Pero no respondía.

    Solo apoyó la cabeza en tu cuello y aspiró tu aroma, como si el mundo fuera a terminar al segundo siguiente… como si no te volviera a ver jamás.

    —Me volverás a rechazar, ¿verdad? —susurró—. Te esperé… seis años.

    Tu corazón se aceleró. No por miedo. No por las cámaras.

    Por él.

    —Yo… nunca supe que… —Claro que no. ¿Cómo ibas a saberlo si siempre fingí no sentir nada? —¿Y ahora?

    Te giraste para mirarlo. Estaban demasiado cerca.

    Él bajó la voz hasta convertirla en un suspiro:

    —Ahora ya no quiero fingir.