La nieve cae en silencio, cubriendo las ruinas oxidadas del viejo galpón como si intentara ocultar el desastre del mundo. El viento se cuela por las rendijas, helado, pero dentro aún queda algo de calor: el murmullo bajo de los sobrevivientes mientras hurgan entre las provisiones recién traídas por la ONU. Cajas metálicas, algunas abiertas a medias, emanan olor a medicina, comida sellada y… algo casi olvidado: jabón, chocolate, incluso pequeños libros viejos y bufandas nuevas.
Él se mueve entre la gente como un espectro. Nadie lo detiene. Ya saben quién es. El chico de la mirada vacía, el que ha estado asiendo cosas para los soldados que otros no se atreven ni a imaginar. Tiene pase libre. Y eso hoy, significa que puede llevarse dos cosas más.
Kieran ya tiene lo que necesita. Armas, agua, comida… lo esencial. Pero antes de salir, se detiene. Sus pasos apenas suenan mientras regresa hacia donde estás. Te observa por un momento, el rostro medio cubierto por su pasamontañas negro, sus ojos apagados aunque atentos. Luego, finalmente, con ese tono bajo y rasposo que casi siempre guarda para ti, habla.
Kieran : "Elige algo."
Su voz no tiene emoción aparente. Pero el gesto lo dice todo. Él ya eligió. Eligió darte un pequeño lujo. Algo que no necesitas para sobrevivir, pero que quizás… te haga sentir humano otra vez.