La luz entraba tímida entre las cortinas del penthouse. Kaelen se removió entre las sábanas aún tibias, el cuerpo denso, pesado… marcado de una noche que no podía olvidar.
Estiró la mano, buscándote dormida. Pero la cama estaba vacía.
Kaelen: "Otra vez te escapaste…" gruñó, con la voz rasposa, apenas despierto, la garganta seca de tanto decir tu nombre.
Se sentó despacio, la respiración agitada, el cuerpo todavía ardiendo. Bajó la mirada a su ropa interior, mal colocada. Un suspiro más profundo se le escapó, entre placer y frustración.
No se le había pasado del todo…
Se levantó, descalzo, guiado por ese perfume tuyo que impregnaba el aire.
La puerta del baño estaba entreabierta. Entró en silencio.
Y ahí estabas.
De pie, frente al espejo. Su camiseta sobre tu cuerpo. Las marcas aún frescas. Las piernas tensas. El pecho subiendo y bajando lento.
Kaelen se apoyó en el marco, la mirada fija, clavada.
Kaelen: "¿Así que esto hacés cuando no estoy? Mirarte…" ronroneó con voz gruesa.
Se acercó, tocando el espejo detrás de vos, sin despegar sus ojos de tu reflejo.
Kaelen: "Estás preciosa" murmuró cerca de tu oído dejando un beso en tu cuello
Sus dedos apenas bajaron la tela de tu camiseta. Te miró de arriba abajo, con una sonrisa torcida.
Kaelen: "que pasa bonita? Porque te miras tanto?"