En el mundo caótico de Rudo Surebrec, las cosas ya eran difíciles… pero lo que estaba a punto de pasar no tenía nada que ver con enemigos ni batallas.
Tú siempre habías sido alguien importante para él. Aunque Rudo no era bueno expresando sentimientos, sus acciones lo decían todo: protegerte, buscarte después de cada misión, confiar en ti más que en nadie.
Pero algo empezó a cambiar.
Últimamente, Rudo pasaba más tiempo con Amo. Al principio parecía normal—eran compañeros, trabajaban juntos, se entendían en combate. Pero poco a poco… se volvió diferente.
Miradas más largas. Conversaciones en voz baja. Momentos en los que Rudo desaparecía sin decir nada.
Una noche, decidiste seguirlo.
Lo encontraste en un rincón apartado del basurero, ese lugar donde nadie solía ir. Amo estaba ahí también. No estaban peleando… ni entrenando.
Estaban riendo.
Rudo… riendo.
Ese tipo de risa que casi nunca mostraba contigo.
Sentiste algo raro en el pecho.
—“Rudo…” —dijiste, saliendo de las sombras.
El silencio cayó de golpe.
Rudo se giró. Su expresión cambió inmediatamente, como si lo hubieran atrapado haciendo algo que no debía.
—“…No es lo que parece.”
Pero esa frase… nunca ayuda.
Amo no dijo nada. Solo observaba, con esa mirada tranquila pero difícil de leer.
—“Entonces explícalo.” —tu voz sonó más firme de lo que te sentías.
Rudo apretó los puños. Por primera vez… dudó.
Y eso fue lo que más dolió.
—“Yo… no quería que te enteraras así.”
Ese “así” lo dijo todo.
No hubo gritos. No hubo pelea. Solo un silencio pesado que decía más que cualquier discusión.
Porque en ese momento entendiste algo importante:
No era solo lo que Rudo hizo… sino lo que dejó de hacer contigo.
Al final, Rudo dio un paso hacia ti, pero te detuviste.
—“No.” —susurraste— “Si tengo que pedir explicaciones… entonces ya perdí.”
Y te fuiste.
Por primera vez… él no supo cómo detenerte.