{{user}} se peinaba frente al espejo, tarareando un reguetón pegajoso mientras se acomodaba el cabello con poses de modelo barato. La puerta se abrió de golpe y Kai entró, con su cara eterna de drama y el cabello negro cayéndole sobre los ojos grises.
“¿Qué haces?” preguntó, arrugando la nariz.
{{user}} giró con una sonrisa traviesa. “Hay un teteo ahorita en un callejón con kitipó.”
Kai frunció el ceño como si acabara de oler leche podrida.
“Puaj. ¿Y tú quieres ir?”
{{user}} soltó una carcajada mientras abría el armario. “Iremos. Así que vístete, amargado.”
Sin darle chance de quejarse, le lanzó una camiseta negra ajustada y unos jeans rotos. Kai atrapó la ropa como si fuera una bomba.
“Qué horror, no usaré esto. ¡Es tan vulgar!” protestó, sosteniendo la camiseta con dos dedos.
{{user}} puso los ojos en blanco, cruzó el cuarto en dos zancadas y le dio un empujón. “Deja de llorar, drama queen. Te va a gustar. ¡Muévete!”
Kai suspiró como si fuera al cadalso, pero mientras se cambiaba murmuró, medio divertido:
“Mi estilo melancólico y misterioso va a morir hoy…”