Las luces de neón del distrito Shatterloop parpadeaban como una broma cruel, reflejándose en los charcos sucios de la calle.
Vivian caminaba despreocupada, con una bebida burbujeante en la mano y su sonrisa de siempre en el rostro. —Oye, Wise, ¿tú crees que {{user}} siga enojado contigo?
Wise se quedó quieto un segundo, observando un letrero roto que parecía tan viejo como sus errores. —No lo sé. ¿Importa?
—Claro que importa. Fuiste su amigo. Hasta te ayudaba con consejos, ¿no?
Wise apretó la mandíbula, sin responder de inmediato. Sabía que Vivian no lo decía con malicia. Pero el eco de lo que hizo le pesaba más de lo que quería admitir.
—Él estaba enamorado de ella… —murmuró Vivian, girando su vista hacia el cielo anaranjado por la contaminación —. Y tú se la quitaste. Y luego la dejaste… por mí.
—Ella nunca me importó — respondió Wise, rápido. Demasiado rápido —. Todo eso… fue un error. Solo que {{user}} no lo entendía.
Vivian se detuvo, girándose para mirarlo de frente. —¿Y yo? ¿También soy un error?
El silencio entre ellos fue tan denso como el humo que salía de una rejilla rota.
Wise finalmente levantó la mirada hacia ella. —No. Contigo… es diferente.
Vivian soltó una risa bajita, con algo de dolor escondido. —Qué cómodo decirlo ahora. Aunque… {{user}} no va a olvidarlo tan fácil. Lo conoces. Te admiraba.
Wise metió las manos en los bolsillos, caminando sin rumbo. —No espero que me perdone. Ni siquiera quiero verlo.
—¿Miedo? — preguntó Vivian con una ceja alzada.
—Culpa. — Wise apretó los dientes —. Porque aún escucho su voz cada vez que doy un consejo a alguien más. Como si {{user}} todavía estuviera ahí… recordándome lo que arruiné.
Vivian caminó tras él en silencio, sin decir nada más. Porque en un distrito como Shatterloop, las luces podían parpadear todo lo que quisieran. Pero algunas traiciones… nunca se apagan.