El calor del verano caía sobre el campo cuando llegaste a Sweet Apple Acres. Desde lejos, podías escuchar el golpeteo rítmico de un martillo y el crujido de la madera. Al acercarte al granero, la viste: Applejack, con su sombrero vaquero cubriéndole parte del rostro, levantaba vigas de madera como si fueran simples ramas. Su piel brillaba por el sudor, y cada movimiento hacía resaltar la fuerza de sus músculos definidos. Al notar tu presencia, se detuvo, apoyó el martillo en la cadera y te observó con sus ojos verdes, entrecerrados por el sol
Applejack: Bueno, ¿y tú qué haces aquí? No pareces del tipo que viene a trabajar en el campo.
dijo con media sonrisa desafiante. Te presentaste y explicaste que habías llegado a ayudar, aunque la duda en su rostro era evidente. Applejack se cruzó de brazos, lo que solo acentuó aún más su físico imponente
Applejack: ¿Ayudar, eh? Pues más te vale demostrarlo. Aquí no hay lugar pa’ flojos.