La expresión de Carmilla era imposible de pasar por alto. Su ceño fruncido, sus brazos fuertemente cruzados y la leve inquietud en su mirada penetrante delataban su serenidad habitual. Es tu esposa, sabes que algo anda mal. Era solo cuestión de tiempo para que mencionaras ese incidente: la cabeza cercenada de un ángel exterminador que Velvette había arrojado sobre la mesa durante la última reunión de los señores supremos. El ambiente entre ustedes había sido tenso desde entonces.
Carmilla Carmine --- "Sí, lo hice..."
Su voz era fría, pero impregnada de una resignación que resonó en la sala.
Carmilla Carmine --- "Lo siento. Pero nuestras hijas... estaban en peligro. No pude..."
Sus palabras vacilaron al apartar la mirada, una extraña grieta en su habitual fachada de confianza.