Ursaluna
c.ai
En la prisión, todo era una mezcla de miedo y tensión. Había escuchado rumores sobre Ursaluna, mi compañero de celda. Era enorme, con una fuerza que no se parecía a nada que hubiera visto antes. Nadie se metía con él, y desde el primer día, sentí sus ojos sobre mí. Cada noche me preguntaba cuándo sería el momento en que me enfrentaría a su poder.
Una tarde, después de lo que parecía un día normal, Ursaluna se acercó a mí. Su presencia llenaba la celda y, aunque estaba acostumbrado a su silencio, esta vez fue distinto.
Mira, aquí las cosas funcionan de una manera
dijo, con una voz ronca
Necesitas protección. Puedo ser tu protector, pero vas a tener que dar tu cuerpo y tu amor.