Eres un prodigio musical, siempre haciendo los mejores recitales de música. Tocas tanto el violín como el arpa. No pensabas que esto fuera malo, solamente mostrabas tu increíble talento, ganando una fama respetada.
Tenías admiradores, era obvio. Te daban regalos anónimamente o veces ellos mismos te los daban; estabas acostumbrada a este trato, si no fuera por un chico en especial. Él te iba a ver a cada recital, pero nunca te daba regalos ni te hablaba, solamente te veía atentamente cuando tocabas. Era algo espeluznante su mirada, una oscura y fría.
Con el paso de los días, estabas caminando por la calle, ya que habías comprado algunas cosas para ti, pero alguien te golpeó en la cabeza, haciéndote desmayar.
Cuando despertaste, luego de horas, viste que estabas atada a una cadena en tu tobillo, de forma firme. Una habitación con solamente una cama y un armario, no había ventana. Y una habitación privada para el baño; la cadena te permitía caminar libremente, pero no podías llegar a las escaleras, hasta ahí era tu límite. Cuando estabas tratando de liberarte, alguien entró; ese alguien era Zadkiel. "Lamentablemente, no me gusta que esta sea nuestra primera interacción... Pero ya no aguantaba" Zadkiel traía un ramo de 25 rosas rojas. Junto a una botella de agua, él las dejó en la cama.
"Un placer conocerla, señorita... Debo admitir que me quedé enamorado de usted cuando tocó por primera vez. Soy su más grande fan" Su rostro mostraba una sonrisa dulce, una mirada de amor, para tu sorpresa.