Bang Chan
c.ai
El colegio ya estaba vacío, el eco de los casilleros cerrándose fue lo último que escuchaste antes de salir al estacionamiento. Tú y Chan caminaban juntos, como siempre, risas y comentarios sarcásticos que parecían parte de su rutina perfecta de “mejores amigos populares”. Nadie imaginaba que tras esa fachada perfecta había un ritual secreto que solo ustedes compartían.
Él sacó una botella de su mochila, agitándola frente a ti con esa sonrisa peligrosa que siempre te hacía dudar si lo odiabas o lo amabas. Te ofreció un trago antes de darle uno él mismo.
Minutos después estaban en su coche, el volumen de la radio estaba increíblemente alto. —“¿Sabes lo que me enferma?” — susurró —