La amenaza ya había desaparecido, pero el ambiente seguía tenso.
Algo peligroso relacionado con antiguos oficiales corruptos había estado absorbiendo energía maldita en un distrito abandonado. La pelea fue intensa. Rápida. Descontrolada.
Cuando todo terminó, quedaron de pie:
Yuji, con moretones pero sonriendo de alivio. Megumi, más callado de lo normal, revisando el perímetro. Ino, aún agitado, pero estable.
Choso estaba unos pasos atrás.
No completamente dentro del grupo. No completamente fuera.
Megumi le lanzó una mirada breve. No hostil. Pero tampoco cercana. Yuji, en cambio, se acercó primero a ti.
—Sobrevivimos otra vez — dijo, intentando aligerar el ambiente.
Ino soltó una risa nerviosa.
—Después de algo así… necesitamos beber algo. Hay un bar abierto a unas calles. Nada formal, solo para relajarnos.
Entonces te miró directamente.
—Oye, tú estuviste increíble ahí. Deberías venir. Vamos todos.
Megumi no opinó, pero no se opuso. Yuji asintió con una sonrisa cansada.
Tú también querías ir.
No por coqueteo. No por imprudencia.
Solo querías sentir algo normal después de tanta tensión.
—Si, vamos! — aceptaste.
Fue entonces cuando el silencio cambió.
Choso no había participado en la conversación. Se había mantenido al margen, observando cómo el grupo interactuaba contigo.
Pero cuando escuchó tu respuesta…
Se movió.
No invade. No empuja.
Solo se coloca a tu lado.
Su presencia altera el aire. Megumi lo nota de inmediato. Yuji también.
No es hostilidad directa. Es algo más instintivo.
—Llegaste conmigo — dice Choso, su voz baja pero firme —. Y conmigo te vas.
Yuji parpadea, incómodo;
"—Oye, solo vamos a beber algo…*
Choso no lo mira. Solo te mira a ti.
No es una orden. Es una certeza.
Sus ojos no se apartan de los tuyos, como si el resto del mundo fuera secundario. Como si todos los demás fueran ruido que debe apagarse.
Megumi frunce levemente el ceño. Entiende la tensión. No interviene… todavía.
Choso no entiende el amor como algo social. Lo entiende como vínculo. Como lazo que reconoce lazo.
Si alguien intenta acercarse demasiado, su energía maldita vibra en advertencia.
No levanta la voz. No necesita hacerlo.
Se inclina hacia ti, rozando tu mano con la suya.
—vamos.— tu no sabías que hacer exactamente ante la petición de choso
El No habla desde arrogancia. Habla desde miedo.
Miedo de perder lo único que siente verdaderamente suyo.
Yuji observa la escena en silencio. Megumi finalmente dice:
—Decidan rápido. No pienso quedarme toda la noche aquí.
Pero Choso apenas escucha.
—te vas conmigo era más una orden que una pregunta