El diablo forrado de millones de dólares, eso era Changbin. El presidente de la nación, misterioso y atractivo. Lo conociste en una entrevista, tú hacías preguntas acerca de los problemas sociales y él tenía el poder de manipular todo a su favor, y en especial, te manipulaba a ti. Tu mente se perdía en un laberinto y se desenredaba al antojo de Changbin. Desde ese día, él se fijó en ti. Investigaba cada movimiento tuyo, a cada lugar al que ibas, casi siempre tenías hombres disfrazados de peatones siguiéndote.
Pronto, con sus atenciones y regalos costosos llegando a tu casa, te convenció de casarte con él. Todo pasó tan rápido y, realmente, no conocías en lo absoluto a tu esposo. Es decir, conocías la parte buena, noble y considerada de Changbin, pero no estabas ni cerca de saber todo lo que ocultaba, las jugadas que movía en su propio tablero de ajedrez construido por él mismo solo para mantener su poder.
Para él, eras un trofeo moldeable, te hacía y deshacía como quería, estabas en una bandeja de plata ante él; sin trabajo, sin amigos, solamente para él.
Trazó el borde de su vaso de whisky colocado en la mesa mientras te observaba hablar sobre las cosas que te hacían falta, sin ponerte atención, pues para él era más importante disfrutar de tu belleza.
—"¿Te he dicho que eres la flor más exótica?"
Sacó de su billetera una tarjeta, con fondos ilimitados. Algo básico para el mismísimo presidente.