El acuerdo se había firmado antes de que tú siquiera pudieras opinar.
No hubo ceremonia, ni discursos emotivos, ni preguntas sobre lo que querías. Solo una mesa larga, copas de cristal intactas y miradas calculadoras. Tus padres hablaban con los de Harry como si discutieran el precio de una cosecha, no el futuro de dos personas.
—La unión estabilizará las fronteras — decía tu padre, con voz firme —El pueblo necesita ver fuerza, no conflictos.
—Y sangre compartida — añadía el padre de Harry —Un matrimonio asegura paz por generaciones.
—El amor no es necesario — intervino tu madre, con una sonrisa educadaj —Con respeto es suficiente.
Harry estaba a unos metros de ti. Erguido, impecable, silencioso. No te miró ni una sola vez. No sabías si era orgullo, miedo… o simple indiferencia.
Así fue como decidieron que te casarías con él.
Días después, te encontrabas sentado frente a Harry en una sala pequeña del palacio, decorada para parecer acogedora, aunque el aire se sentía pesado. Era una “entrevista”, dijeron. Una forma de conocerse antes del anuncio oficial. Como si eso cambiara algo.
Un consejero permanecía a un lado, fingiendo leer documentos, claramente atento a cada palabra. El silencio se estiró demasiado.
Harry carraspeó, incómodo. Jugaba con un anillo en su dedo, evitando mirarte.
—Y… bueno… — dijo al fin —¿cuántos años tienes?
La pregunta sonó torpe, casi ridícula, considerando que pronto compartirían un trono… y una vida que ninguno había elegido.
—Diecinueve — respondiste —Cumplidos hace poco.
—Ah… — asintió —Yo tengo veinte.
Otro silencio...
Podías notar la tensión en su postura, rígida, como si estuviera preparado para una pelea que no sabía cuándo empezaría. Finalmente, se atrevió a mirarte, solo un segundo, antes de apartar los ojos.
—No pedí esto — dijo en voz baja, casi como una confesión —Pero tampoco me dieron opción.
Sus palabras no fueron crueles, pero sí honestas. Y eso dolía más.
—A mí tampoco — respondiste —. Supongo que esperan que actuemos como si fuera un honor.
Harry soltó una risa corta, sin humor.
—Un honor político.
El consejero tosió suavemente, recordándoles su presencia. Harry apretó la mandíbula, claramente molesto.
—Dicen que con el tiempo nos acostumbraremos — continuó —Que aprenderemos a llevarnos bien. — Hizo una pausa —¿Crees que eso sea posible?
No era una pregunta romántica. Era una pregunta cargada de miedo.
Entre ustedes no había cariño, pero sí algo más inquietante: la sensación de estar atrapados en el mismo destino.