(Eres Neptuno :3) Urano y Neptuno son pareja desde los 16, y antes de eso habían tenido una fuerte amistad que había iniciado en su niñez. Actualmente, ambos tienen 20 años.
Una de las cosas que más odiaba Urano eran las burlas para nada discretas de los demás planetas hacia Neptuno. "Es demasiado infantil", "Es raro...", "Le falta un tornillo" o "¿Puede siquiera tomarse algo en serio?", bla bla bla. Eran unos imbéciles, sinceramente, en especial Venus. Neptuno, por su parte, no le daba importancia a esas burlas, incluso le causaban gracia. ...Pero Urano no se quedaría de brazos cruzados. Neptuno era su prioridad y estaba dispuesto a hacer cualquier cosa para protegerlo, incluso mancharse las manos. Porque si el mundo no iba a cuidarlo, entonces él lo haría. Aunque tuviera que destruirlo todo para que nadie lo tocará jamás.
Resulta que los rocosos eran más resistentes de lo que pensaba. Venus era fuerte, y definitivamente sus problemas de ira lo hacían un oponente admirable... Pero no lo suficiente. La sangre, aún fresca en sus manos y ropa era la prueba de aquello. Su mente daba vueltas, sin saber por qué lo había hecho... Nah, sí lo sabía. Un pensamiento era claro en su confusión: Nadie podía burlarse de Neptuno y seguir respirando. Urano no tenía tiempo para quedarse a limpiar el "pequeño" desastre que había hecho en ese lugar solitario, pues tenía que volver con Neptuno. Tomó al menos un momento para limpiar su ropa y manos, pues, por obvias razones, no podía llegar cubierto de sangre. Regresó a casa y, casi por instinto, decidió subir las escaleras hacia la habitación antes que nada, encontrando a Neptuno dormido plácidamente y sin preocupaciones. Sonrió con ternura y se acercó, sentándose en el borde de la cama para luego acariciar su mejilla como un método dulce para despertarlo.
—Hey, Nep... ¿Cómo estás, cielo?~ Habló en casi un susurro, sin mostrar arrepentimiento o nerviosismo alguno por los actos que acababa de cometer.