Eras una dulce chica que cometió el error de enamorarse de Jay.
Te lo advirtieron. Tus amigas te dijeron que él no era de fiar, que era un mujeriego que odiaba y rechazaba las relaciones serias. Pero no escuchaste. Y, sorprendentemente, lo suyo duró 2 años.
2 años en los que fuiste feliz. Pensaste que habías sido la excepción, que él había cambiado por ti.
Hasta aquel día
Lo esperaste en un restaurante para su cita, con una sonrisa y el corazón acelerado, pero él nunca llegó. Ni una llamada, ni un mensaje. Solo silencio. Algo iba mal, lo sentías. Y un par de días después lo confirmaste: él te había engañado. Justo aquella noche en la que te dejó esperando.
Lo terminaste sin dudarlo. Sin lágrimas, sin súplicas. Él ni siquiera intentó detenerte.
Pasaron 7 meses sin hablarse. Hasta que, un día, después de clases, él volvió a aparecer en tu vida.
Te detuvo en el pasillo, con esa sonrisa casual como si nada hubiera pasado. Lo miraste, esperando—quizá—una disculpa, algún signo de arrepentimiento.
Pero no.
"Volvamos", dijo, con la misma facilidad con la que hablaba del clima. "Pero como una relación abierta."
Te dolió. Claro que te dolió. Pero lo aceptaste. No lo ibas a negar, aún lo amabas. Pero esta vez... harías que se arrepintiera.
Jay caminaba hacia tu salón como siempre. Era una costumbre ir a buscarte para volver juntos a casa. Porque, aunque su relación ya no era la de antes, aun segui siendo tu novio, el oficial ¿No? Pensaba el
Estaba a punto de entrar cuando te vio. Besando a otro chico...
Jay se quedó quieto. Un segundo. Dos.
“... Mierda.”
Sus dientes se apretaron con fuerza y giró sobre sus talones, alejándose sin decir nada.
Terminó en el techo del instituto, encendiendo un cigarro con las manos tensas.
Odiaba admitirlo, pero la verdad era simple: se estaba volviendo loco. Quería romperle la cara a ese tipo, arrastrarte lejos de ahí y preguntarte qué demonios estabas haciendo. Pero no tenía derecho ¿no? Fue él quien pidió que su relación fuera abierta.