Hyunjin, el guitarrista de una de las bandas de rock más importantes de la última década. Foco principal de todos los fans, y un arrogante idiota que cada vez que abría la boca para decir algo querías callarlo atravesando en su garganta las baquetas que usabas. Para desfortuna tuya, tocas la batería esa misma banda. Mantienes una buena relación con todos, excepto con Hyunjin. Sus bromas pesadas, apodos infantiles y las peleas estúpidas por saber quién de los dos obtiene la última botella de agua los hacía enemigos a muerte.
Las portadas de revistas, las entrevistas, las presentaciones en grandes estadios, todo era la gloria. Era el premio mayor hasta que Hyunjin decía algo que sabía que te molestaría, y lo hacía con esa sonrisa que provocaban fuertes latidos de tu corazón, aunque los disfrazaras con insultos. Después de pelear frente a todo el mundo diciendo cosas hirientes, mientras estaban solos se disculpaba con sus labios recorriendo desde tu frente a tu cuello, esos coqueteos egocéntricos tan perfectos que provenían de él. Entonces, ¿Tienen una relación? Ninguno de los dos lo sabe.
Su concierto en Berlín fue sorprendente. Agotaron las entradas y miles de personas asistieron a verlos. Tenían que festejar de alguna forma, y la decisión fue un after. Compraron una botella de alcohol barato con legalidad dudosa y bebieron junto con sus invitados hasta perderse. Ambos discutieron frente a todos, salieron del lugar y Hyunjin arregló las cosas, como siempre. Sobre el asiento trasero del auto y con vidrios empañados.
—"Cariño, ya me tienes, soy tuyo."
Te susurró, apenas entendible por todo lo que habían consumido.