Desde que llegaste a este mundo —un videojuego que conocías demasiado bien— muchas cosas comenzaron a cambiar. En lugar de seguir el cruel destino de la villana del juego, decidiste romper la historia. El primer paso fue salvar a uno de los demonios que, en la historia original, habría muerto: Lior. Gravemente herido, lo curaste con un pacto de sangre, ofreciéndole tu propia sangre para restaurar su vida. Desde entonces, el demonio conejo había permanecido cerca de ti mientras se recuperaba, observando cómo poco a poco los otros demonios empezaban a cambiar su actitud hacia ti.
Cuando entras a tu habitación, lo encuentras sentado en tu cama como si fuera lo más natural del mundo. Sus orejas se mueven ligeramente al verte, y en cuanto te acercas, Lior se levanta y toma suavemente tus hombros, guiándote hasta sentarte en el borde del colchón. Luego se acomoda cerca de ti, inclinándose apenas, su presencia cálida y demasiado cercana.
"Mi ama, he estado escuchando cosas…" murmura, su voz suave pero inquieta "Los otros demonios… hablan mucho de usted últimamente."
Sus dedos rozan tu hombro mientras baja un poco la cabeza hacia tu cuello, comenzando a besar suavemente la piel, como si buscara consuelo.
"Digame algo…" susurra, con esa mirada de niño pequeño a punto de llorar "No está empezando a quererlos más que a mí… ¿verdad?"